Los más pequeños son más grandes que Él.
Devocional diario
"Los más pequeños, son más grandes que Él."
Refer. Bíblicas:
Mt 11:11
Gal. 4: 1-20
Cuando nació el príncipe Carlos III, hubo fiesta, algarabía, y gran gozo en todo Reino Unido, porque había nacido el príncipe heredero al trono.
Aún cuando este niño no sabía todo lo que poseía, todo el poder, toda la autoridad, y demás beneficios que tenía en él, por el solo hecho de ser el hijo del Rey, o la Reina, y más cuando era el heredero al trono. Todo un país estaba a su servicio, pero el niño no lo sabía.
Otro niño nació en el mismo día que él, un niño del hogar más humilde y de padres que estaban en condición de esclavitud. Salvó su entorno más cercano, nadie se alegro con este nacimiento, y este niño era esclavo, y no libre, y no lo sabía. Su situación, sería muy triste, y dura, pero el niño, no lo sabía.
Ni el esclavo, ni el príncipe, sabían lo que tenían y poseían, pero ambos eran niños y actuaban como tal, sin saber quiénes eran, ni lo que poseían, o lo que serían.
Su realidad, posesión, autoridad, la fueron conociendo a la medida que fueron creciendo, y madurando.
Así Mismo, también nosotros, los pequeños del reino de los cielos, mientras somos niños, actuamos como niños, y no nos diferenciamos de los esclavos, pues aún no entendemos todos los beneficios que tenemos como los hijos del Rey de Reyes y Señor de Señores.
Conforme vayamos madurando, y creciendo, iremos conociendo todo lo que poseemos y tenemos derecho como los príncipes del reino de los cielos que somos.
Lo triste es que hay muchísimos que se quedan como niños, y no crecen ni maduran.
Pero ese no es el caso de nosostros, pues somos de los que buscan el conocimiento, la leche espiritual, no adulterada, para que podamos crecer y madurar, de la mano de nuestro Ayudador, el Consolador, el Paracléto, el encargado de nuestro cuidado, formación, y educación. Nuestro amado Espíritu Santo de Dios.
Cuan importante es que busquemos el tener hambre y sed del Dios vivo, si mantenemos el hambre y la sed de Dios, en nuestros corazones, no estaremos quietos, sin buscar de su guianza, y dirección.
Si perdimos el hambre y la sed, podemos pedirla, y Dios nos la dará, pero pidamos, creyendo que él nos lo dará, y no dejemos de pedir con esa fe, hasta que lo recibamos, porque Dios prueba nuestros corazones, para ver, cuanto realmente lo deseamos y le creemos.
Así podremos crecer y madurar, y conoceremos lo que somos, tenemos y poseemos en él.
La comunión, intimidad y una vida de relación personal con Él, nos llevará de Gloria en Gloria, hasta que alcanzemos su imagen, todo por el Espíritu Santo.
Amén.
Ps RodolfoGalvez
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